Un sueño que se hace realidad

El empleado Désiré Kope procede del país africano Costa de Marfil. Ahorró durante años de su sueldo en LAPP en Luisburgo para fundar una escuela en su país de origen. Ahora ha sido la inauguración.

Texto: Philipp Maußhardt

Había una vez... Así podría comenzar la historia, tal como comienzan muchos cuentos. Había una vez un hombre joven procedente del país africano Costa de Marfil. Se llamaba Désiré Kope y hoy en día hay aspectos de su vida que también le parecen de cuento.

Désiré Kope nació en la pequeña ciudad de Gagnoa a muchas horas de distancia de la capital marfileña de Abiyán. Eso fue a finales de los años 50 y en Gagnoa las personas eran muy pobres. Solo había electricidad en unas pocas chozas, que muchas veces solo consistían de cuatro paredes de arcilla y un techo de juncos. Désiré creció entre esas chozas y, por suerte, cerca de allí había una escuela. Esta no era especialmente grande. En un banco se sentaban muchas veces cinco niños aunque solo estuviera pensado para dos. Pero Désiré aprendió mucho y disfrutaba sus estudios. Era un buen alumno. Y, dado que él ya podía explicar bien muchas cosas a sus compañeros, decidió ser profesor una vez terminada la escuela. Como profesor de escuela primaria en la capital Abiyán, más o menos, podía conseguir su sustento, pero él esperaba algo más de la vida. Así que un día se decidió a buscar suerte en Europa. Un pariente lejano le informó que Alemania era un buen lugar para vivir, así que Désiré Kope se subió a un avión rumbo a ese país en el año 1996.

Esprint final en la obra: mientras que la escuela ya se ha puesto en marcha, los operarios aún deben dar los toques finales

De alguna manera Désiré Kope acabó en Luisburgo. Hablaba francés fluidamente, el idioma oficial de Costa de Marfil, pero ni una palabra de alemán. A pesar de todo, le alcanzaba para un educado «Disculpe, señora» con el que pidió perdón a la mujer, que hoy día es su mujer, al tropezar con ella camino de la estación. Él no la conocía, ella no lo conocía, pero se cayeron bien. A ella le gustó, sobre todo, la forma educada de disculparse, cuenta ella actualmente. A él ella le gustó tanto que le dio su número de teléfono. Ella se tomó una semana antes de llamarlo. Primero hubo una cita a tres, quedaron con una amiga de ella que hablaba mejor francés. La cosa no quedó en ese encuentro, de la simpatía surgió el amor y un año más tarde se casaron.

Désiré Kope envió su solicitud para un puesto de operario de almacén en la empresa LAPP a partir de un anuncio en el periódico Ludwigsburger Kreiszeitung. Estrictamente hablando, fue Renate Kope quien solicitó el puesto, ya que ella podía redactar mejor la carta de presentación para su marido, que aún no hablaba bien alemán. Désiré Kope recibió la invitación a la entrevista de trabajo, obtuvo el permiso de conducir para carretillas elevadoras y consiguió pronto su puesto de trabajo, que le permitía disfrutar de una buena vida en el país de sus sueños.

Para Renate Kope, la celebración de la boda en Abiyán fue probablemente el evento más impactante de su vida. La música, los bailes, la comida. Fascinada por la hospitalidad de la personas, pero también impresionada por la pobreza, su marido y ella hablaron en casa largo y tendido sobre qué iba a ser de los niños que crecieran aquí. Muchos abandonarían su país porque no les ofrecía ninguna perspectiva, eso lo sabían, de la misma forma que había hecho el propio Désiré Kope. «Cuando veo como la gente joven se marcha, abandona su hogar y se pone en peligro, se me rompe el corazón y tengo que hacer algo», explica Kope. Así se gestó lentamente la idea de fundar una escuela en África con los ahorros de su sueldo como operario de almacén en Alemania. Lo consiguió en 2016. Désiré Kope viajó antes varias veces a su país de origen, discutió sus planes con los políticos locales y las autoridades educativas y, finalmenteencontró un terreno apropiado: 4.000 metros cuadrados de superficie, una antigua plantación de cacao en la periferia de Galebre, la población vecina a la suya. Aquí debía construirse la nueva escuela, un «Collège» como se dice en francés, comparable a una escuela de enseñanza media en Alemania.

Désiré Kope

«Cuando veo como la gente joven abandona su hogar y se pone en peligro, se me rompe el corazón y tengo que hacer algo».

Désiré Kope

Pero en Costa de Marfil los terrenos y el suelo tampoco son baratos, y no hablemos de construir un edificio. Désiré Kope y su mujer tuvieron que solicitar un crédito, pero la idea merecía la pena para ellos. Quizá el hombre al que, en última instancia, agradecía su empleo como operario de almacén podría contribuir un poco, esa era la esperanza de Désiré Kope: Andreas Lapp, presidente de la Junta Directiva de Lapp Holding AG.

Désiré Kope solicitó una cita con Andreas Lapp y, cuando llegó el momento, su mujer sacó el traje azul marino del armario y lo volvió a planchar. Además del traje bueno, también había ideado una pequeña artimaña para el encuentro. Quería llamar la escuela «Collège Andreas Lapp», ya que el dinero con el que puso la primera piedra para ella, al fin y al cabo, se lo agradecía a la empresa. Cuando Andreas Lapp escuchó los planes de Kopes y que la escuela llevaría su nombre, sonrío para sus adentros porque pudo intuir la artimaña. Sin embargo, esto no hacía que la idea fuera mala. En realidad, a Andreas Lapp le pareció «grandioso» que un empleado quisiera hacer algo útil en su país para ayudar a las personas a largo plazo con el dinero ganado en Alemania. «Que la escuela fuera a llamarse como yo no inclinó la balanza para que apoyara financieramente este proyecto», explica Lapp. «Se trata de una idea magnífica y el compromiso del señor Kopes me parece excepcional. Cuando se ve algo así, simplemente hay que apoyarlo».

Hace pocas semanas, a principios de octubre de 2019, tuvo lugar la inauguración de la escuela. Désiré Kope se había tomado vacaciones dos semanas antes y viajó hacia Galebre para ayudar con los preparativos.

Lunes, 7 de octubre, quizá el día más importante en la vida de Désiré Kopes: aún no han finalizado los trabajos de construcción, faltan libros y material de enseñanza. El patio de la escuela parece un desierto de arena y arcilla roja. Kope corre continuamente de un extremo del edificio de la escuela al otro, grita instrucciones a los albañiles y parece estar al borde del infarto un día antes de la inauguración. Se limpia el sudor de la frente una y otra vez con pañuelos de papel. Andreas Lapp ha aceptado la invitación para la inauguración y ha confirmado su llegada.

Andreas Lapp había salido la mañana del lunes con un conductor desde Abiyán hacia Galebre. El trayecto dura, al menos, cuatro horas desde la capital hasta la apartada provincia por carreteras parcialmente en mal estado. Cuando Lapp alcanza finalmente a las primeras chozas de Galebre, pasa algo inusual: varias docenas de jóvenes saltan desde el borde de la carretera, se balancean y dan vueltas pitando, petardeando y vociferando desde sus motos al vehículo que llega. Todos llevan camisetas con fotos de Lapp y la inscripción «Bienvenue Mr. Andreas Lapp à Galebre». La corte de motocicletas corre como un enjambre de abejas salvaje detrás, delante y a los lados del coche de Lapp recorriendo la polvorienta carretera hasta la escuela. Allí espera en la entrada del recinto Kore Zadi Bernard con una túnica festiva que le identifica como jefe, el más anciano del lugar o simplemente como «Chef du Village», es decir, jefe del pueblo. En una mano sostiene un fruto de cacao, en la otra, un gallo vivo como símbolo hospitalidad. A continuación llegan discursos, bailes y rituales. Han venido varios cientos de personas. A un lado del patio de la escuela están sentados los verdaderos protagonistas: los niños y los jóvenes de Galebre. Andreas Lapp, nombrado jefe honorífico por el «Chef du Village» en una coronación simbólica, sube a una tarima de madera fabricada provisionalmente el día anterior, toma el micrófono y, primero, da la espalda a los dignatarios reunidos y se dirige a los jóvenes sentados detrás de él: «Hoy es vuestro día. El futuro os pertenece y llegará el día en quevosotros decidiréis lo que sucede en este país, en este continente y en este mundo». Por ese motivo ha estado encantado de apoyar el proyecto de la escuela y lo seguirá haciendo en los próximos años, «porque uno de entre vosotros tuvo la idea». Como Lapp explica, todo el continente africano tiene un inmenso potencial. De ahí que LAPP amplíe su presencia de mercado en muchos países de África. Suministrar electricidad a la población es una tarea enorme. «Un obstáculo para el desarrollo en muchos países es la mala formación —destaca Lapp— por eso apoyo el compromiso del señor Kopes».

Andreas Lapp (izquierda) es nombrado jefe honorífico. Junto con Désiré Kope, inaugura la escuela «Collège Andreas Lapp»

«El compromiso del señor Kopes me parece excepcional, simplemente, hay que apoyarlo».

Andreas Lapp

Ya se han incorporado los primeros 35 alumnos de la escuela «Collège Andreas Lapp» y a estos les seguirán otros. También se ha conformado el equipo docente con el director Kouassi Brou Rodrigue. Una de las alumnas es Florence, 18 años, está un poco atemorizada por el gran bullicio en su nueva escuela. En voz baja dice: «Me gustaría ser médica o, al menos, enfermera. Para eso necesito un buen título y me alegro mucho de que las clases empiecen pronto». En el viaje de vuelta a Abiyán Andreas Lapp comenta: «De verdad espero que los sueños vitales de estos estudiantes puedan hacerse realidad en su propio país».

En ese mismo momento Désiré Kope está exhausto tumbado en una cama en Galebre. Todo ha salido bien, incluso el amago de tormenta se disipó poco antes de la celebración. Como si se hubiera quitado un enorme peso del corazón, así de aliviado se siente y, al mismo tiempo, sabe que ahora empieza todo. «Aún trabajaré un par de años en LAPP en Luisburgo, pero un día, cuando me jubile, quiero volver a Galebre y ocuparme de la escuela». A veces, incluso los cuentos duran un poco más.

Download article as PDF (english).